Dr. Costa
Dr. Costa: El ángel de la guarda de los pilotos

Claudio Marcello Costa era un muchacho de sólo 16 años cuando, situado al borde de la pista en el Acque Minerale de Imola, saltó al auxilio de Geoff Duke, recién caído en esa curva. Fue un impulso natural. Aún quedarían lejos los días en los que Costa terminaría siendo el ángel de la guarda de los pilotos motociclistas.

Autor:
Juan Pedro de la Torre
Foto:
Archivo Motoworld/ Repsol Media
Publicado el 15/11/2017
Dr. Costa

El Doctor Costa fue toda una institución en el Mundial de Velocidad. Fue el hombre que, desde la Clinica Mobile por él mismo creada en 1977, velaba por la salud de los pilotos. Así ha sido durante más de treinta años. Costa se crió desde niño en un ambiente rodeado de motores. Su padre, Checco Costa, fue el fundador del circuito de Imola. Aunque su profesión era la de ingeniero agrónomo, su pasión por las carreras de motos terminó transmitiéndola a sus hijos. Cuando Claudio decidió dedicarse a la medicina, enseguida tuvo muy claro hacia dónde quería encaminar sus pasos, y buscó una aplicación práctica a sus años de formación.

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Checco Costa, listo para dar la salida a la primera edición de las 200 Millas de Imola. La afición al motociclismo es una larga tradición familiar.

Todo arranca una mañana de abril de 1957, en la cuarta edición de la Copa de Oro Shell, en Imola. El joven Claudio Marcello Costa contempla la carrera al borde de la pista en el viraje del Acque Minerale. Y de repente, Geoff Duke pierde el control de su Gilera 500 y cae bruscamente, a pocos metros de él. Sin pensárselo dos veces, Costa salta a la pista, pone a Duke a salvo y retira su moto de la trazada, para evitar nuevos accidentes. Fue su primer rescate. Al día siguiente, su padre lo reconoció en la foto de un diario imolense. “Checco me regañó con severidad y predijo que un día, convertido en médico, ésa debía ser la misión de mi vida”, recordaba el Doctor Costa en sus memorias.

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Un jovencísimo Claudio Costa retira la Gilera 500 de Duke tras auxiliar al piloto.

Medicina y motociclismo, sus pasiones

Y así fue. Convertido en médico y completamente entregado a la pasión motociclista, enseguida percibe la necesidad de crear una figura inexistente en las carreras: el médico reanimador, un especialista en asistencia de urgencia para auxiliar y estabilizar a un herido, previamente a su traslado. Costa comprendió que los primeros minutos de atención son fundamentales.

Antes de la llegada de la Clinica Mobile al Mundial, la vida de los pilotos era siempre más arriesgada que en la actualidad, porque las condiciones de seguridad de las pistas eran más precarias. Ya desde 1972 el doctor Claudio Costa, junto a un grupo de médicos internistas, se desplazaba de carrera en carrera con sus maletas de asistencia rápida para socorrer a los pilotos allá donde se produjera el accidente, en ocasiones enfrentándose a los promotores de la carrera, que los contemplaban como unos entrometidos. Uno de los primeros pilotos que entendió su importancia fue Giacomo Agostini, que desde que conoció a Costa siempre quiso tenerlo cerca de él.

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Caroli, Costa y Russo, en la presentación de la primera Clinica Mobile (1977).

Cuando Checco puso en marcha la primera edición de las 200 Millas de Imola, encargó a su hijo la organización de un equipo médico de asistencia urgente, en colaboración con el doctor Giancarlo Caroli, especialista en reanimación del Istituto Rizzoli de Bolonia. Este médico, junto a Beppe Russo, formó el más estrecho grupo de colaboradores de Costa.

Los momentos más duros: la muerte de Saarinen

Entregado al máximo a su labor, nada sencilla, porque por sus manos pasaban muchas vidas, sólo hubo una ocasión en la que dudó seguir adelante con su tarea: el 20 de mayo de 1973. Aquel día negro para el motociclismo, conocido como la Tragedia de Monza, se cobró las vidas de Jarno Saarinen y Renzo Pasolini, y dejó seriamente heridos a media docena de pilotos. Fue una jornada amarga para Costa, que había mantenido una estrecha relación con Saarinen. Costa, un hombre de gran espiritualidad, quedó impresionado por la personalidad del finlandés, y su amistad le hizo indagar en el aspecto místico de estos centauros modernos, casi mágicos. La muerte de Saarinen le impactó, y casi abandona las carreras.

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La relación entre Costa y Jarno Saarinen marcó el sentido espiritual de su labor.

Pero Costa siguió adelante con su empeño de ofrecer una asistencia médica en situaciones críticas. Armado con un instrumental básico, que cargaban en una maleta de circuito en circuito, Costa y su equipo estuvieron presentes en las carreras de 1972 a 1976. En ocasiones eran frecuentes los roces con los organizadores de las carreras, que no les permitían intervenir. De hecho, aún hoy, por normativa legal, todo pasa por el beneplácito del médico local, del director médico de cada prueba, que es la máxima autoridad en la materia. Pero entonces la situación era mucho más compleja y menos organizada que ahora.

Entonces, surge la idea de instalar todo el equipo médico de atención urgente en un vehículo, que pueda desplazarse cómodamente de un sitio a otro y prestar asistencia con mayor eficacia. La Clinica Mobile.

Clinica Mobile

Inicialmente era un proyecto muy simple. Se trataba de una furgoneta mediana, donde tuviera cabida una mesa clínica y donde un equipo de tres o cuatro personas pudieran intervenir con comodidad. Presentada la primera Clínica Mobil en febrero de 1977, contaba con el patrocinio de Gino Amisano, el patrón de AGV, y el Moto Club Santermo de Imola, que fueron imprescindibles colaboradores para su puesta en marcha. El pequeño hospital móvil entra en servicio en la primera carrera europea de ese año, el Gran Premio de Austria. Desgraciadamente, su primera actuación es dramática.

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La última Clinica Mobile, puesta en marcha en 2002.

El peligroso circuito de Salzburgring es una pista rodeada por el anillo metálico del guardarraíl. En la carrera de 350 se produjo un grave accidente múltiple en el que se vieron envueltos cinco pilotos: el local Hans Stadelmann, Franco Uncini, Johnny Cecotto, Dieter Braun y Patrick Fernández. Lamentablemente, Stadelmann murió prácticamente en el acto, pero la intervención de los médicos de la Clinica Mobile salvó la vida de Uncini, y los demás fueron atendidos de manera adecuada, evitando las atropelladas evacuaciones que se realizaban en el pasado, cuando los pilotos parecían toreros llevados en volandas camino de la enfermería. Fue una jornada amarga, propia de esta profesión, en la que frente al dolor de ver que una vida se extingue se disfruta de la satisfacción de salvar la de otro ser humano. En cualquier caso, se confirmó el acierto de la puesta en marcha de la Clinica Mobile.

En ese primer año de funcionamiento, la Clinica Mobile atendió a 178 pilotos. Además de salvar la vida de Uncini en Salzburgring, el equipo médico fue clave en la recuperación de Philip Coulon, gravemente herido en Anderstorp. Desde entonces, Coulon bautizó a la institución como la Clinica Mobile del Buen Dios. Sus servicios fueron esenciales en otros momentos, como el accidente de Michel Rougerie en las 200 Millas de Imola de 1978, reanimado en el mismo borde de la pista por uno de los médicos, o de Virginio Ferrari en ese mismo escenario en 1979.

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Grandes mitos de la Historia del Motociclismo

El dilema moral

Visto desde fuera, Costa siempre parecía tener respuesta y solución para todo, por compleja que fuera la situación de un piloto. En ocasiones se le acusó de permitir correr a pilotos que no se encontraban en plenas condiciones. Él mismo reconoció en sus memorias el dilema moral al que tenía que enfrentarse con frecuencia. Le impactaron las palabras de Jarno Saarinen, cuando estuvo tratando con frecuencia al piloto finlandés tras una caída en Imola, en marzo de 1973, dos meses antes de la Tragedia de Monza. Preocupado por el estado de su rodilla lesionada, Costa le pide prudencia, que no comprometa su recuperación y renuncie a alguno de sus carreras comprometidas en la Mototemporada Romagnola, la serie de carreras de pretemporada que se realizaban al inicio de la primavera en Italia. Pero Costa dudaba. ¿Qué era lo correcto: impedirle correr, o hacer todo lo posible para que pudiera hacerlo?

Saarinen le respondió con una frase que Costa jamás olvidará: “Si quieres ser mi médico para siempre, debes curarme bien, pero no dudes en dejarme libre para pilotar cuando sea capaz. Dime sólo la verdad de mi estado, y después será sólo cosa mía”, le dijo. Desde entonces Costa comprendió el espíritu que mueve a los pilotos. Desgraciadamente, mes y medio después, Saarinen falleció en Monza sin que nada se pudiera hacer por su vida.

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La intervención de Costa fue clave para la recuperación de Mick Doohan.

El despliegue médico de MotoGP

A lo largo de más de treinta años, Costa y su equipo han visto cómo la Clinica Mobile ha ido creciendo, no sólo de tamaño, sino también en el reconocimiento por parte de todos los estamentos implicados en la competición. Desde aquella primera unidad se ha llegado hasta la Clinica Mobile V, inaugurada en 2002, un amplio trailer que dispone de un equipo sanitario de 25 personas que permite atender a un variado número de personas a la vez. Costa y su equipo han actuado en multitud de ocasiones, ayudando a decenas de pilotos a seguir en activo. Fue muy célebre su intervención cuando Mick Doohan se lesionó en 1992: le salvó la pierna derecha y propició su fructífera carrera.

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El relevo: Michele Zasa se hace cargo de la Clinica Mobile en 2014.

Desde 2011 es el FIM Medical Intervention Team el que se encarga de asistir en primera instancia en los accidentes graves, actuando directamente en la propia pista, bajo la coordinación del CMO (Director Médico), y de esta forma los médicos de la Clinica Mobile sólo intervienen a petición del propio piloto, y siempre en coordinación con el equipo médico de intervención de MotoGP.

Costa se mantuvo en activo hasta 2014, año en el que el doctor Michele Zasa tomó su relevo, y se apartó del ejercicio de la medicina en 2016, al cumplir los 75 años de edad.

Texto:

Juan Pedro de la Torre

Fotos:

Archivo Motoworld/ Repsol Media

Publicado el 15/11/2017

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